04 noviembre, 2014

Y así se acostumbra el corazón a olvidar...


A veces pienso que estoy loca, si, loca. Vivo en un mar de incertidumbre que cada día me trastoca más. Pienso que enamorarse es de locos, de personas que se aburren de la normalidad del latido de su corazón y se aferran a una persona que hace que vaya más rápido, que los latido sean más fuertes… adrenalina. Pero lo que no saben es que así como esa persona hace que se aceleren sus latidos, también le regalan la clave para hacer que se frenen, que vayan tan jodidamente lento que te costará saber si aún sigue latiendo. Eso, eso es de estar loco.

Pero nos gusta, nos gusta sentirnos así, sentirnos especiales por momentos. Momentos que no podrás sacar de tu cabeza y que tu corazón querrá repetir una y otra y otra vez, hasta dejar de latir. A ese corazón es al que tenemos que enseñar a olvidar pero no deprisa, porque puede que nuestro corazón se acelere cuando esta con él o ella pero eso no significa que estemos enamorados, nos enamoramos poco a poco, mirada a mirada, sonrisa a sonrisa, y pretender olvidar todo de prisa, eso sí que es estar LOCO.

Tenemos la mala costumbre de querer olvidar antes de tiempo, de querer dejar de amar en un tiempo récord, de querer reír cuando el corazón solo quiere llorar. Tenemos la mala costumbre de resistirnos a la realidad, evadirla. Te levantas un día con ganas de comerte el mundo y  le ves y todo se va a la mierda, o al contrario, estas por los suelos y verle te anima el día y luego te das cuenta de que no debe ser así… y vuelta a empezar.

A eso es a lo que llamo incertidumbre, de repente te conviertes en una persona indecisa que no sabe que debe o no debe hacer. Borras su número de móvil, pero al cabo de 5 minutos lo vuelves a guardar. No rompes sus fotos pero tampoco te atreves  mirarlas y finalmente decides guardarlas en un cajón. Miras la pantalla del móvil rezando para que te hable y luego piensas en lo idiota que es y que le odias. Quieres salir de fiesta porque te dices a ti mismo que es lo que necesitas, bailar y olvidar las penas, y te descubres a ti mismo en medio del suburbio de la gente más solo que cuando estabas en tu habitación.  Nada te hace falta pero sientes que falta todo. No existe guerra entre tu corazón y tu mente… porque sencillamente ninguno de los dos sabe qué quiere.

No lo veo tan de locos, tal vez esa sea la única manera de olvidar. El único que lo sabe es el tiempo, el dichoso tiempo que lo sabe todo. El tiempo que todo el mundo menciona y al que todo el mundo le achaca los problemas. En este caso el tiempo es (tiene que) ser el mejor consejero. El tiempo te consolará, te hará aceptar y te curará; consolará tus sentimientos, te hará aceptar las preguntas sin respuesta y te curará las ganas de querer saber de él o ella. Todo eso poco a poco pasará, o al menos eso dicen…


Y así poco a poco, como animales de costumbres que somos, se acostumbra el corazón a olvidar…