23 julio, 2017

Necesito un escultor

Necesito un escultor, quiero uno. Ese es el regalo que quiero. Es importante, lo necesito para que me pueda modelar un tú nuevo. Si, así como lo oyes, quiero que me haga un tú. Que te modele como un David de Miguel Ángel. Perfecto. ¿Por qué? Porque así podré tenerte cuando, como y donde quiera.

Necesito que sea de los buenos. Si, que sepa hacerlo bien. Que se centre en cada detalle de ti. Comenzando por los dedos de los pies y acabando con la punta de pelo más largo que tengas en la cabeza.

Que clave tu estatura, aquella que me iba perfecta para perderme en un abrazo de oso y respirar ese perfume que me embriagaba. Que no olvide los detalles de los dedos de tus manos, que quedarán perfectos juntos con los míos. Que recree cada uno de tus lunares en el sitio exacto donde estén, para poder contarlos como me gusta hacer.

Tus ojos. Ese color, lo quiero. Así tal cual. Ese color que aunque tú no lo sepas, es el primero que digo cuando me preguntan por mi color favorito. Tu nariz, tu boca, tu sonrisa. Lo quiero todo igual.

Le pediré también que te dote de todos los sentidos. Los cinco. Vista, para poder verme reflejada en tus ojos. Olfato, para que puedas disfrutar de mis perfumes. Oída, para que puedas disfrutar o maldecir mí canto porque un poco de tortura tampoco es malo de vez en cuando. Tacto, para que puedas tocarme y sentir lo que me haces sentir. Y por último, el gusto, para que disfrutes de mis besos, así como yo disfrutaré de los tuyos.

Que no se olvide del corazón. Que te de sentimientos. Que puedas quererme y dejarte querer. Quiero que te ponga de todo. Todo lo que tenías y tienes. Simplemente le pediré que no te ponga cerebro. Si… no te sorprendas. No quiero que te de razonamiento. Quiero que simplemente sientas y disfrutes, que no se interponga ningún juicio, o duda o mal pensamiento entre nosotros. Te quiero así, descerebrado.

Solo necesito eso, amarnos así, sin juicio, sin razón. Amarnos con el corazón, con todos los sentidos, sin tener que librar una batalla con nuestra cabeza cada segundo. No. Solo hacer lo que nos diga el corazón. Y disfrutarlo.

Eso es lo que le pediría a mi escultor. Así que por favor si sabes de alguno que pueda ayudarme, avísame. Es urgente.




14 julio, 2017

El tiempo pasa

El tiempo pasa, el tiempo pasa... creo que es la frase que más me han repetido en la vida, y muchas veces pensaba: ¿Por qué me la dicen tanto? Ya sé que el tiempo pasa pero yo no puedo hacer nada para detenerlo. Es ley de vida, es asi y punto.

Y ahora es cuando empiezo a entender un poco a que se referían con esa frase. Me da que mis abuelos ya sabían que no aprovechaba el tiempo. Creo que ya me veían en mi ‘’ir tirando’’ constante. Como si simplemente aceptara las cosas que vienen y van y no me opusiera.

Como si me diera igual pasarme el tiempo en la cama o con amigos y familiares, como si fuera lo mismo ver una película sola o acompañada o si bailar con amigos no compensara el dolor de piernas del día siguiente.

Creo que ya veían que yo por más que aparentaba ver la vida de color de rosa, en el fondo la veía de un azul marino intenso y casi negro, que ya me estaba apagando sin ni tan solo florecer. Creo que eso les llevó a hacerme ver un poco más allá.

Hacerme ver que problemas siempre habrá, pero que con un buen hombro en donde apoyarte los problemas se ven diferente. Me enseñaron que ese hombro no llegará por arte de magia, que hay que ir a buscarlo y que, si alguna vez llega por arte de magia, se debe cuidar. Siempre.

Me enseñaron que, a pesar de la rutina de la vida, puedes crear una ‘’desrutina’’ y tomarte un mojito un martes. Que a veces es bueno llegar cansado al colegio o al trabajo por haberte pasado la noche hablando con tus hermanos, o tus amigos. Que llorar no es de cobardes y que perdonar no es de débiles.

Que el corazón se rompe, pero que no hay nada más bonito que un corazón roto que sigue funcionando. Que vale la pena el dolor, las lágrimas y la desilusión, porque de ellas se aprende. En definitiva, me enseñaron a valorar la vida porque es cierto que solo tenemos una, pero si la vivimos con intensidad, una es suficiente.


Sarah Moreno